
Gracias a mi destino, gracias a mi Dios, gracias a mi vida, hoy puedo decir gracias. No sólo por las cosas buenas que me han sabido entregar con el compás del tiempo, sino, también con mucho orgullo lo digo por las caídas de las cuales tal vez aún no logró del todo subsistir, pero de aquellas cosas es como le damos a nuestros microscópicos mundos el color. Sí, son esas llallitas las que nos visten de lo que somos, las que nos demuestran qué somos y quién somos… Y cómo no mencionar a los seres o a las cosas que nos hacen esos tan sabios daños del destino, cómo olvidar a nuestros padres divorciándose, al mal amor que nos dejó, el no tener lo que queremos tener, el escuchar peleas de los más queridos, ó tan sólo el sentirnos sin nada más que nuestra misma soledad… Pueden ser tantas las razones, pero sin darnos cuenta es el mismo sufrimiento. Pueden ser personas muy diferentes, pero duelen de la misma forma.
En fin, son esos problemas, catástrofes, maldades, y hasta demonios los que nos hacen crecer y vivir la vida como debe ser.-
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